CUENTOS SUFIES PARA TOMARSE EN CUENTA (II)
CATERINA IAZZI
En la medida que despertamos y nos preocupamos por aprovechar la oportunidad de vivir y no salmente, indagamos en nosotros mismos, en lo que experimentamos, sino que consideramos el aprendizaje, las oportaciones que otros nos legan, hay esa oportunidad de crecer, especialmene en lo espiritual.
No se puede ignorar, lo que el Sufismo nos aporta en relación a su alcance, repercusiones en pro del crecimiento espiritual , especialmente en sus cuentos, sus reflexiones, que esta oportunidad compartimos, seleccionaNdo algunos de ellos, que consideramos benmeficiarán a los interesados en estos temas.
HACE CIENTO DE AÑOS UN CIEGO
Hace cientos de años en una ciudad de Oriente. Un anciano caminaba de noche por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida. En cierto momento, un hombre giró una esquina y tropezó abruptamente con el anciano. El hombre se puso a gritarle con malos modos:
--¡Vigila viejo, mira por donde vas!
Tras gritar, el hombre se calmó y miró al anciano a la luz de la lámpara que éste sostenía. De pronto, reconoció a un amigo. Se dio cuenta que era Guno, el ciego del pueblo. Le dijo:
--¿Qué haces Guno, tú ciego, con una lámpara en la mano? Si tú no ves...
El anciano le respondió:
--Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria. No llevo la lámpara para ver mi camino, sino para que no tropiecen conmigo y para que otros encuentren su camino cuando me vean a mi.
UN GRUPO DE PERSONAS MURIERON
Un grupo de personas murieron al mismo tiempo en una catástrofe y se sorprendieron al encontrarse en un mundo muy similar a éste. Tenían a su disposición todo tipo de entretenimientos y todas las facilidades posibles. Se asombraron aun más al descubrir que estaban en el infierno.
Aquellos que querían vidas excitantes las tuvieron. Los que deseaban mucho dinero lo obtenían. Se satisfacían las ambiciones y deseos de todo tipo.
Un día conocido como el Día de las Quejas, un grupo de condenados se dirigió al demonio controlador y le dijeron:
--Llevamos una vida maravillosa, fiestas, riquezas, excitación, pero parece como si nos estuviésemos desgastando. Nos volvemos poco atractivos unos a otros y lentamente vamos perdiendo las pertenencias que nos llegan tan fácilmente...
--Si -dijo el diablo- ¿A que es infernal?
UN SABIO SENTADO A LA ORILLA DEL GANGES
Estaba un sabio sentado a la orilla del Ganges instruyendo a sus discípulos acerca del apego cuando otro joven discípulo, aparentemente rico y ostentoso con sus joyas, se acercó al grupo diciendo.
--He aquí, divino maestro, que traigo un regalo digno de ti.
Todos se acercaron a mirar el valioso regalo que el recién llegado sacó de entre un pañuelo de seda. Algunos no pudieron evitar algunas exclamaciones de admiración que escaparon de sus bocas. Eran un par de brazaletes de oro con piedras preciosas finamente incrustadas.
El maestro sondeó con su mirada al joven discípulo y tomando uno de los brazaletes lo miró con cariño y minuciosamente, y lo arrojó al Ganges. Todos quedaron estupefactos. Tras un momento de total confusión y vacilación se lanzaron al agua en busca del brazalete.
Al cabo de muchas horas, ya cayendo la tarde, el discípulo rico volvió al maestro y rogándole le preguntó.
--Maestro, a lo mejor pudiera encontrar el brazalete si me indicas por donde cayó al río.
El sabio no dijo palabra alguna. Tomó el segundo brazalete, lo miró y lo lanzó al río.
- Allí --dijo.
UN ELEFANTE TRANQUILO
En cierta ocasión había un elefante que vivía tranquilo. Era majestuoso, sereno y astuto. Un buen día, una pareja de mosquitos que pasaban por allí decidieron instalarse en un rincón de una de las orejas del elefante. Así que escogieron el rincón que les pareció más adecuado e hicieron su nido. Como era propio de la naturaleza del mosquito, quiso que el elefante supiera de su decisión y de su existencia, y le gritó, con un cierto acento sudeño:
--¡¡Elefante, soy el mosquito Azuram y su esposa!! Por unanimidad hemos decidido vivir en tu oreja. Te lo comunico para que lo sepas. ¿Lo entiendes? Soy Azuram y su familia.
El elefante siguió con su vida, tranquilamente. La pareja de mosquitos vivieron el tiempo de una vida de mosquito en la oreja del majestuoso paquidermo. Experimentaron momentos de intimidad, peleas, fiestas de mosquito, incluso se reprodujeron, hicieron algún amigo y formaron una familia. Todo en el pequeño rincón de la oreja del elefante.
De vez en cuando, Azuram comunicaba a gritos al elefante sus decisiones y acciones, pero nunca recibía respuesta.
Un buen día, Azuram y su esposa decidieron cambiar de residencia. Antes de marcharse, el mosquito quiso que el elefante lo supiera y le gritó solemne:
--Elefante, te hago saber que hemos decidido abandonar tu oreja para vivir en otro lugar.
Esperó pero no hubo respuesta por parte del anfitrión. Azuram se sintió molesto por la ignorancia a que los sometía el elefante. Hinchó sus pulmones cuanto pudo, usó sus alas para dirigir la voz hacia el centro de la oreja y gritó de nuevo:
--¡¡¡¡Elefante, te hago saber que nos vamos a otro lugar. Soy Azuram!!!!
Fue entonces que al elefante le pareció oír de muy lejos una vocecita desgañitándose por hacerle saber algo. Entonces respondió:
--Tal como has venido... te puedes marchar.
LA PRUEBA DEL ZORRRO
Érase una vez un zorro que se encontró a un joven conejo en el bosque. El conejo preguntó: "¿Qué eres tú?". El zorro respondió: "Soy un zorro y podría comerte si quisiera?"
"¿Cómo puedes probar que eres un zorro?", preguntó el conejo. El zorro no sabía qué contestar, porque en el pasado los conejos siempre habían huido de él sin plantearle cuestiones de este tipo.
El conejo dijo: "Si me puedes mostrar una prueba escrita de que eres un zorro, te creeré."
Así pues, el zorro acudió corriendo al león, que le dio un certificado de que era realmente un zorro.
Cuando volvió, el conejo estaba esperando y el zorro empezó a leer el documento. Estaba tan encantado que iba saboreando los párrafos con un lento placer. Mientras tanto, habiendo captado lo esencial del mensaje, el conejo se metió rápidamente en su madriguera y nunca volvió a ser visto.
El zorro regresó a la guarida del león, en donde vio a un ciervo conversando con él. El ciervo estaba diciendo.
"Quiero ver una prueba escrita de que eres un león..."
El león le dijo: "Cuando no tengo hambre, no necesito molestarme. Cuando tengo hambre, no necesitas nada por escrito."
El zorro dijo al león. "¿Por qué no me dijiste esto, cuando te pedí un certificado para el conejo?"
"Mi querido amigo", replicó el león, "debías haberme dicho que éste te lo pedía un conejo. Pensé que era para un estúpido ser humano, del que algunos de estos estúpidos animales han aprendido ese pasatiempo".


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Hola, gracias por compartir este blog. Támbien quiero compartir la existenia de un libro que colabora en una mayor profundización y crecimiento interior-espiritual titulado "Viaje a la Divinidad-Muerte en vida" En la página http://viaje-a-la-divinidad.lacoctelera.net/ se puede ver la portada e información sobre el libro.
Es un libro máginifico, con un mensaje consciente del cual hay que impregnarse para cambiar interiormente, y cuando haya cada vez más individuos conscientes, eso se reflejará.
Que disfruteis
22 Junio 2009 | 01:15 PM