CATERINA IAZZI
El Sufismo nos ha legado para quienes vivimos en occidente muchas enseñanzas maravillosas que nos invitan a ponerlas en práctica , a crecer espiritualmente, así como bellos cuentos que contienen un mensaje valioso que debe sabersele interpretar los que sus mensajes encierran, en esta oportunidad compartimos con el lectos algunos que hemos seleccionado, confiando que cada quien lo interpretará de acuerdo a su nivel espiritual.
LOS EXPERTOS
Un hombre a quien se consideraba muerto fue llevado por sus amigos para ser enterrado. Cuando el féretro estaba a punto de ser introducido en la tumba, el hombre revivió inopinadamente y comenzó a golpear la tapa del féretro. Abrieron el féretro y el hombre se incorporó ¿Qué estáis haciendo?, dijo a los sorprendidos asistentes. “Estoy vivo. No he muerto”.
Sus palabras fueron acogidas con asombrado silencio. Al fin, uno de los deudos acertó a hablar: “Amigo, tanto los médicos como los sacerdotes han certificado que habías muerto. Y ¿cómo van a haberse equivocado los expertos?. Así que, volvieron a atornillar la tapa del féretro y lo enterraron debidamente
Una caravana que iba por el desierto se detuvo cuando empezaba a caer la noche. UN SABIO Un prominente sabio de Asia Central estaba examinando candidatos que aspiraban a convertirse en discípulos. UN LEON CAPTURADO Un león fue capturado y encerrado en una reserva vallada. Para su sorpresa, encontró otros leones que llevaban allí muchos años, algunos incluso toda su vida: habían nacido en cautividad. El recién llegado no tardó en familiarizarse con las actividades de los restantes leones, que se asociaban en distintos grupos. (contunuará...)
Un muchacho, encargado de atar a los camellos, se dirigió al guía y le dijo:
--Señor, tenemos un problema. Hay que atar a veinte camellos y sólo tengo diecinueve cuerdas. ¿Qué hago?
--Bueno -dijo el guía-, en realidad los camellos no son muy lúcidos. Ve donde está el camello sin cuerda y haz como que lo atas. El se va a creer que lo estás atando y se va a quedar quieto.
El muchacho así lo hizo. A la mañana siguiente, cuando la caravana se puso en marcha, todos los camellos avanzaron en fila. Todos menos uno.
--Señor, hay un camello que no sigue a la caravana.
--¿Es el que no atastes ayer porque no tenías soga?
--Sí ¿cómo lo sabe?
--No importa. Ve y haz como que lo desatas, si no va a creer que siguen atado. Y si lo sigue creyendo no caminará.
--Veamos, quien quiera entrenamiento y no aprendizaje, quien desee discutir en vez de estudiar, quien sea impaciente, quien quiera tomar en vez de ofrecer... debe levantar la mano.
Nadie se movió.
--¡Muy bien! -dijo el Maestro-. Ahora vendréis conmigo y conoceréis a algunos de mis discípulos. Han estado conmigo durante tres años.
Les condujo a una habitación de meditación donde había una hilera de gente sentada y les dijo:
--Aquellos que desean ser entretenidos en vez de aprender, quienes son impacientes y quieren discutir, los que toman y no ofrecen... por favor, que todos estos se levanten.
La hilera completa se puso de pie. El sabio se dirigió al primer grupo:
--Según vuestro criterio, ahora sois mejores personas de lo que seréis dentro de tres años, si permanecéis aquí. Vuestra vanidad actual os lleva incluso a sentiros importantes. Así que volved a vuestros hogares y, antes de venir otra vez en el futuro, si así lo deseáis, reflexionad bien acerca de si queréis sentiros mejor de lo que sois o peor de lo que el mundo os considera.
Un grupo era el de los socializantes, otro el del mundo del espectáculo y había un grupo que tenía como objetivo preservar las costumbres, la cultura y la historia de la época en que los leones eran libres. Había un grupo de leones religiosos y otros que atraían a los que tenían talento literario o artístico. Había, finalmente, revolucionarios que se dedicaban a conspirar contra sus captores y contra otros grupos revolucionarios. De vez en cuando estallaba una revuelta y un determinado grupo era eliminado, o bien, aunque más de tarde en tarde, resultaban muertos los guardianes del campo que los encerraba y eran reemplazados por otros guardianes.
El recién llegado reparó en la presencia de un león que parecía estar siempre profundamente dormido. No pertenecía a ningún grupo y estaba ajeno a todos ellos. Suscitaba admiración a unos y hostilidad a otros.
--No te unas a ningún grupo -dijo el solitario-. Esos pobres se ocupan de todo menos de lo esencial.
--Y, ¿qué es lo esencial? -preguntó el recién llegado.
--Lo esencial es estudiar la naturaleza de la cerca que nos encierra.

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