CATERINA IAZZI

Somos tan transitorios, nuestra estadía por esta dimensión es muy corta, sobre todo por lo limitado que está el cuerpo físico para vivir muchos años, no obstante, en él habita el alma que es inmortal, trascedente.
Mucho se ha escrito sobre este tema, especialmente bajo el enfoque de la reencarnación, a pesar que hay quienes lo han analizado desde un punto religioso. Así se tiene las aportaciones de Universo energético.com, que señala: la creencia en la existencia del alma es sin duda muy antigua. Coincide con la creencia en un más allá, que sobrentiende la idea de la supervivencia del alma después de la muerte del cuerpo, es decir de una parte que no muere del todo. Nuestros antepasados neandertales, hace aproximadamente 80.000 años, acostumbraban a entregarse a unos ritos funerarios más o menos elaborados, por lo cual puede decirse que "creían ya en algo, en cualquier otra parte... ". Más cerca de nosotros, podemos leer en el antiguo catecismo de la doctrina cristiana esta definición sibilina, que podríamos considerar moderna, de la existencia del alma: "El hombre es un animal racional constituido por un alma y un cuerpo".
Por lo tanto, se trata de creer en su supervivencia después de la vida sobre la Tierra y tras la existencia corporal. También se trata de creer en un lugar donde el alma prosigue su evolución, donde se encuentra a la espera de una envoltura carnal.

A continuación, se hace necesaria la creencia en un principio según el cual, en la vida intrauterina o en el instan te mismo del nacimiento, se produce un fenómeno que favorece la impregnación de un alma (un ánima) en un cuerpo para darle vida, es decir, para animarlo. De este modo, ya que todo esto debe tener un sentido, una justificación, una razón de ser, hay que creer en el destino del alma y, por lo tanto, postular que nada se pierde ni nada se olvida totalmente y que, de este modo, el alma reencarnada tiene la misión de realizar una tarea determinada y debe someterse a unas pruebas que le permitirán acceder a un nivel de evolución o de conciencia superior. Resta un último postulado: la trascendencia del ser cuya alma es potencialmente capaz. Resumamos estos seis postulados, que hemos de tomar en consideración si queremos entender los criterios de esta creencia:

* El alma existe.

* El alma sobrevive después de la muerte del cuerpo físico y fuera de él.

* Existe una especie de purgatorio, de lugar donde van las almas que han dejado el cuerpo físico y donde se preparan para una nueva reencarnación.

* Una misma alma reaparece en un nuevo cuerpo. Incluso puede producirse este fenómeno numerosas veces, a lo largo de los siglos y los milenios.

* El alma memoriza las experiencias que ha vivido durante sus diferentes reencarnaciones. Por tanto, existe una tarea, una misión, un destino para cada alma.

* Las reencarnaciones sucesivas de una misma alma en diferentes cuerpos tienen un fin; pues éstas solo son pretextos para elevar al alma a un nivel de conciencia superior.
Por otro lado, en un escrito de María Parente/Roberto C. Mirás - "Enigmas", encontramos, que durante el dominio romano, los primeros cristianos añadieron ya a esos cultos su propia influencia. Algunas sectas heréticas de la época llegaron a cometer suicidio colectivo cuando fueron objeto de persecución, o incluso a enterrarse vivos o a morir de hambre voluntariamente. Sin embargo, la mayor parte de ellos consideraba a la muerte como un proceso inevitable y natural que formaba parte de la vida. Algunos incluso la ensalzaban, como era el caso de los esenios, que según Flavio Josefo mantenían la idea de que el cuerpo es corruptible mientras que el alma es inmortal e imperecedera. De este modo, al igual que decía Filón, la muerte libera el alma de la prisión material.
Otra de las culturas clásicas, la griega, hizo una convención social de las procesiones con el cuerpo del difunto, que depositado en un féretro recorría las calles camino del lugar en el cual sería incinerado. Éstas iban encabezadas por un trompetero que tocaba su instrumento al oído del fallecido... por si acaso "respiraba" todavía. Era la última oportunidad que tenía para demostrar que continuaba entre los vivos. Anteriormente, los egipcios ya habían hecho gala de un complejo ritual en relación a la muerte. Más apegados a lo material, sentían que era necesario proteger el cuerpo de forma minuciosa, razón por la cual desarrollaron el proceso de momificación. Así, se protegía al muerto de cara a un largo viaje para el cual, al finado le colocaban amuletos protectores
A todo ello se agrega, que
Con la serenidad de quien sabe que tan sólo es el tránsito del alma hacia su verdadera patria, así afrontaba el trance Sócrates: "Morir es un cambio de existencia, y para el alma una migración de este mundo hacia otro". Para Platón, el cuerpo era la prisión del espíritu, de la que escapa con la muerte. Sin embargo, para Aristóteles, cuerpo y alma conviven indisolublemente, y en el instante final, ambos desaparecen.
Y si tres son los filósofos que divergen respecto al alma, tres también son las grandes religiones monoteístas que hacen lo propio. Judíos, cristianos y musulmanes comparten la creencia en una supervivencia del alma, si bien cada uno presenta una visión del cielo diferente. A estos tres grandes cultos, hay que añadir los que no comparten esa visión del Dios único, como en Oriente o en la religión hindú. Los fieles de esta creencia están convencidos de la transmigración de las almas, tal como lo refleja el libro sagrado Bhagavad Gita -El canto del señor- en el cual se explica que Krishna enseñó al guerrero Arjuna que cuando muere el cuerpo, el alma sigue con vida y encarna en otro mortal, planteando así el dogma de la rueda de reencarnaciones.